La Familia: Dar algo más que Vida
Hará unos veinticinco años, cuando mi esposa y yo éramos padres primerizos - angustiados por hacer bien esa tarea para la que uno nunca se siente bien preparado - buscábamos apoyo en todo lado: en los amigos que ya habían sido padres, en los recuerdos de lo que nos gustó - o no - cuando éramos nosotros los hijos de padres primerizos; y en la lectura de cuanto cayera en nuestras manos. Al final, lo que más nos impactó - y nos convenció - fueron los argumentos del Dr. Terry Brazelton, que mezclaba sus conocimientos profundos de pediatra con una sensibilidad poco común.
Un tema que refleja bien nuestra afinidad con Brazelton era el dilema típico de los nuevos padres ante el llanto imparable del nuevo inquilino: ¿dejarle llorar hasta que se canse... o alzarla, darle un poco de leche por si tiene hambre, golpearle la espalda por si tiene cólico, cambiar los pañales por si están sucios o... en fin, caminarla por la casa tarareando y haciendo muecas por si está aburrida? Los consejos de los mayores apuntaban a "dejarla llorar" con un argumento práctico que nosotros no logramos poner en práctica: si no la dejan llorar entonces se va a volver una chiquita malcriada que va a hacer con ustedes lo que quiera; ¡a los hijos hay que disciplinarlos!
Brazelton discrepaba. Un bebé - decía - solo tiene una forma de comunicarse: llorando. Pero si al llorar no pasa nada, si la mamá o el papá simplemente "lo dejan llorar", su aprendizaje es terrible: lo que ese niño o niña aprende es, simplemente, que sus acciones no tienen ningún efecto sobre el mundo que le rodea, es una lección de impotencia. Al contrario, si cuando llora - por lo que sea - algo ocurre, lo alzan, le dan leche, le golpean la espalda, le cambian las mantillas, lo mecen, lo zangolotean... entonces, aunque no hubiera sido ése el motivo de su llanto, habrá aprendido algo fundamental: sus acciones, su llanto en este caso, son poderosas, pueden cambiar el mundo.
Nota de GeoSalud. Este artículo fue escrito por el Dr. Leonardo Garnier Ministro de Educación Pública de Costa Rica. El artículo completo se puede leer en http://www.geosalud.com/familia/familia.htm
Un tema que refleja bien nuestra afinidad con Brazelton era el dilema típico de los nuevos padres ante el llanto imparable del nuevo inquilino: ¿dejarle llorar hasta que se canse... o alzarla, darle un poco de leche por si tiene hambre, golpearle la espalda por si tiene cólico, cambiar los pañales por si están sucios o... en fin, caminarla por la casa tarareando y haciendo muecas por si está aburrida? Los consejos de los mayores apuntaban a "dejarla llorar" con un argumento práctico que nosotros no logramos poner en práctica: si no la dejan llorar entonces se va a volver una chiquita malcriada que va a hacer con ustedes lo que quiera; ¡a los hijos hay que disciplinarlos!
Brazelton discrepaba. Un bebé - decía - solo tiene una forma de comunicarse: llorando. Pero si al llorar no pasa nada, si la mamá o el papá simplemente "lo dejan llorar", su aprendizaje es terrible: lo que ese niño o niña aprende es, simplemente, que sus acciones no tienen ningún efecto sobre el mundo que le rodea, es una lección de impotencia. Al contrario, si cuando llora - por lo que sea - algo ocurre, lo alzan, le dan leche, le golpean la espalda, le cambian las mantillas, lo mecen, lo zangolotean... entonces, aunque no hubiera sido ése el motivo de su llanto, habrá aprendido algo fundamental: sus acciones, su llanto en este caso, son poderosas, pueden cambiar el mundo.
Nota de GeoSalud. Este artículo fue escrito por el Dr. Leonardo Garnier Ministro de Educación Pública de Costa Rica. El artículo completo se puede leer en http://www.geosalud.com/familia/familia.htm
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